Soya – Parte I

Posted by on Jul 18, 2011 in Come bien, Consumo responsable | 0 comments

Texto original escrito por Ana.  Sígueme en Twitter.

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En los últimos años se ha generado mucha polémica sobre los beneficios y los riesgos de consumir soya.  Los estudios que se publican en los medios de comunicación no hacen más que confundir y crear mitos contradictorios.  Primero, que la soya es un súper alimento con propiedades casi milagrosas y más recientemente, que es un veneno que debe evitarse.

La realidad es que a la fecha, la falta de estudios científicos concluyentes impide tener una resolución  final.  Algunos estudios sugieren que la soya tiene propiedades benéficas para la salud, otros que no causa ni beneficio ni perjuicio, y otros más que pueden ser dañinos.  Y además de esto, muchos de los estudios sobre la soya son pagados por sus defensores (productores y comercializadores de soya) o sus detractores (asociaciones de productores de lácteos) por lo que queda la duda sobre los resultados.

Lo que sí sabemos

De lo que no hay duda es de que:

  • La soya es rica en proteínas por lo que es una buena opción para obtener proteínas de origen vegetal.
  • Como cualquier alimento de origen vegetal no contiene colesterol (a diferencia de las proteínas de origen animal).
  • Es rica en potasio, selenio, vitamina E, vitamina K y fibra.
  • Para algunas personas puede ser de difícil digestión y causar flatulencias (como cualquier otra legumbre).
  • La soya es uno de los alérgenos más comunes (junto con la leche, los huevos, los cacahuates, las nueces, el pescado, los mariscos y el trigo).
  • La soya contiene isoflavonas, compuestos que estructuralmente son muy parecidos a los estrógenos, por lo tanto se les llama fitoestrógenos.
  • La soya NO favorece el crecimiento de glándulas mamarias en los hombres, ni interfiere en la fertilidad y menos aún, los convierte en homosexuales.

 

Lo que está en duda

Sobre el colesterol

Gracias a un estudio publicado por The New England Journal of Medicine hace más de una década en el que se concluía que incluir 25 g de soya al día podía reducir los niveles de colesterol LDL en sangre y por lo tanto, disminuir los riesgos de problemas cardiacos,  la soya ganó fama como un auxiliar en la disminución de colesterol en sangre.  Pero, estudios recientes no han obtenido los mismos resultados y lo que sí queda claro es que la ingesta de soya no es excusa para llevar una dieta alta en grasa y no hacer ejercicio.

Sobre las isoflavonas, la menopausia y el cáncer de mama

Varios estudios sugieren que el consumo de fitoestrógenos puede ayudar a las personas cuya producción natural de estrógenos ha disminuido, como es el caso de las mujeres menopáusicas, y así disminuir los bochornos, la pérdida de masa ósea y otros síntomas de este periodo.    Además, que los fitoestrógenos pueden prevenir el desarrollo de cáncer de mama.

Por otro lado, otro grupo de estudios sugiere que su ingesta puede ser contraproducente y favorecer el crecimiento de células cancerosas, sobre todo en las mamas.

Estos resultados contradictorios se deben a que los fitoestrógenos pueden actuar de dos maneras en el cuerpo dependiendo de dónde se ubiquen, la cantidad y la sensibilidad personal.  Se ha visto que en algunos tejidos los fitoestrógenos bloquean la acción de los estrógenos.  Esto puede ser positivo ante las células cancerosas.

Pero también se ha observado que en otros casos los fitoestrógenos imitan el comportamiento de los estrógenos, es por ello que pueden servir en un tratamiento de hormonas de reemplazo, pero también pueden acelerar el crecimiento de células cancerosas.  En específico se ha observado que la genisteína, el tipo de isoflavona más abundante en la soya, puede estimular el crecimiento de células de cáncer mamario.

Para acabarla entran en juego también otros estudios en los que se ha observado que la soya no causa ningún efecto en el desarrollo del cáncer de mama.  Por ejemplo, un estudio realizado a las mujeres de una comunidad de la Iglesia Adventista en Estados Unidos que han sido vegetarianas toda su vida y consumen más soya que la mujer americana promedio, ha demostrado que dichas mujeres presentan la misma incidencia de cáncer de mama que las mujeres americanas promedio.

En este momento se están realizando otros estudios de largo  alcance al respecto y se espera que en un futuro cercano se puedan obtener resultados más concluyentes.

 

Sobre otros cánceres

Aunque se ha sugerido que las isoflavonas pueden contribuir en la prevención e incluso tratamiento de cánceres de ovario, próstata, colon y endometrio,  tampoco hay evidencias contundentes.

Sobre las fórmulas infantiles

Ha habido mucha especulación sobre los efectos de los fitoestrógenos en el caso de las fórmulas infantiles a base de soya que se recomiendan en caso de que los niños sean intolerantes a la lactosa o veganos.  Pero hasta el momento tampoco existe evidencia concluyente de  daño a largo plazo en los niños.

 

Sobre la memoria

Se ha dicho que la soya podría prevenir la pérdida de memoria en la tercera edad, pero, otra vez, los estudios se contradicen a sí mismos y hay resultados que apuntan en ambas direcciones.

Sobre la tiroides

También se ha observado que  las isoflavonas pueden interferir en la función de la glándula tiroides, y en casos extremos, causar su crecimiento.  Pero  se sabe que esto se presenta en cuadros muy específicos de deficiencia en el consumo de yodo.

 

Sobre la testosterona y la fertilidad masculina

De todas las dudas aquí planteadas, este rubro es el que ya presenta evidencias más esclarecedoras.

Existe la idea de que el consumo de soya puede afectar la producción de testosterona y la fertilidad de los hombres.   En el caso de la testosterona, existen estudios más concluyentes en los que no se ha visto una reducción en la producción de dicha hormona.

En cuanto a la fertilidad, existe la duda sobre si la genisteína, la isoflavona más abundante en la soya, podría interferir en la cuenta de espermatozoides.   Pero hasta el momento no existe evidencia firme al respecto.

Continuaremos en una segunda parte…

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