Posts Tagged "hambre emocional"

Mi mamá siempre me decía…

Posted by on Aug 8, 2012 in Emociones | 1 comment

Texto original escrito por Ana.  Sígueme en Twitter.

 
El fin de semana me estuve acordando de frases y consejos clásicos de mi papá en relación a la comida como: “no comas comida en la calle” o “cuántos niños pobrecitos quisieran tener ese plato de comida”“no hagan gestos” (cuando mi hermana y yo hacíamos caras al probar algo nuevo, jaja, éramos expertas en hacer caras) o “no puedes dar una opinión hasta no haberlo probado”.
 
Por lo que pregunté en twitter y facebook qué consejos o frases en referencia a la comida les dieron sus padres y recibí una cascada interesante y simpática la cual compilé y les comparto:

  • “Te acabas todo porque aquí no hay gatos/perros/puercos”
  • “Si no te comes el pollito se va a poner a llorar”
  • “Mira ese pescadito dice: cómeme”
  • “No te levantas de la mesa hasta que te lo acabes”
  • “Come y calla guacamaya”
  • “A comer ahora que hay porque cuando no haya aunque queramos”
  • Después de comer: “Ya pasamos el susto”
  • “El que come y canta loco se levanta”
  • “De que se tire a que me haga daño…”
  • “Toma agua sino se te van a secar los riñones”
  • “Desayuna mucho, come más, cena poco y durarás”
  • “Si no te lo terminas te sirvo doble”
  • “¿Por qué dices que no te gusta X si no lo has probado?”
  • “Si te lo acabas te llevo al circo/te doy un dulce”
  • “Si comes no hay tele/postre/no va a venir Santa Claus”
  • “Comételo es por tu bien”
  • “Si no te gusta no te lo comas”
  • “Es lo que hay de comer, sino quieres pues no te lo comas”
  • “Aquí no es restaurante”
  • “Todo en exceso es malo”
  • “Come con emoción no por emoción”
  • “Si no te cuidas tú, ¿quién?”
  • “Come frutas y verduras”
  • “Algún día lo entenderás y me lo agradecerás”
  • “Si comes espinacas te vas a poner fuerte como Popeye”
  • “Aquí nadie sale sin desayunar”
  •  “La comida es para disfrutarla y amarla, no para odiarla”
  • “Cuando seas madre comprenderás muchas cosas”
  • “Si comes verduras te vas a poner fuerte como tu papá”

 
¿Alguna les suena familiar? ¿Se les ocurre otra?
 
Ahora, lo interesante es reflexionar, ¿qué tanto consideran que dichas frases o consejos han influido en su relación con la comida en su vida adulta?
 
Hace tiempo escribí  “Cinco frases de los papás que afectaron nuestra relación con la comida” donde abordé este tema utilizando algunas frases que generan una relación disfuncional con la comida en la vida adulta.
 
Obviamente, no todo lo que nos dijeron nuestros padres nos afectó de forma negativa, al contrario, creo que la mayoría de sus palabras nos impactaron positivamente.   Pero sea para bien o para mal, esas palabras ahora forman parte de quienes somos.
 
Peggy O’Mara, experta en crianza, dijo que “la manera en la que le hablas a tus hijos se convierte en su voz interior”.

 

El impacto de lo que decimos repetidamente va penetrando nuestra mente hasta convertirse en una CREENCIA.  Más aún cuando proviene de una persona que respetamos y queremos como nuestros padres.
 
Una creencia es dar algo por cierto, sin cuestionarlo.   Nuestras creencias generan pensamientos, emociones y acciones.
 
Una de las frases que se me hacen más fuertes es: “De que se tire a que me haga daño…”  Si crecimos escuchando esto se nos va generando la creencia de que antes de nuestra salud están las cosas, en este caso la comida.  Dejamos de respetar y escuchar las señales de saciedad y hambre y nos vamos acostumbrando a tratar a nuestro cuerpo como basurero (aunque se oiga feo) de lo que dejan nuestros hijos, de lo que sobró de la comida, del último pedazo de pizza, de nuestras emociones….Y luego nos sorprendemos que nos cuesta trabajo controlar las porciones o parar de comer.
 
“No te levantas de la mesa hasta que te lo acabes” tiene un efecto similar, genera la creencia de la comida como un proceso doloroso, poco placentero, pero además genera un sentimiento de culpa si no se termina lo que hay en el plato.
 

 
O si constantemente nos ofrecieron dulces como premio a cambio de comernos las verduras, es lógico que de adultos tengamos la idea de vegetales sinónimo de obligatorio, “a fuerzas” y lo proyectamos con la idea de que no nos gasta la ensalada, y por otro lado, creemos que los dulces, los postres, la chatarra es algo positivo, algo que nos ganamos, que nos merecemos después de un esfuerzo y lo aplicamos buscando recompensarnos y apapacharnos  con algo dulce o un antojo.
 

Este proceso es inconsciente y por eso llega un punto en que simplemente lo hacemos.  Incluso aunque vaya en contra de nuestra salud.

 

Si hay una actitud ante la comida que no te haga sentir bien, te genere una emoción negativa y/o percibas que no puedes controlar pregúntate ¿qué creencias hay detrás de ese comportamiento?

 

La forma más efectiva de transformar una creencia, es cuestionándola.  Cuando tengas claro cuál es la creencia que te lleva a actuar y sentirte de cierta forma, pregúntate: ¿esta creencia me sirve para estar sano y feliz?  ¿me genera emociones negativas o positivas?

 

Si descubres que esa creencia es disfuncional, es decir que ni te sirve para estar bien y genera sentimientos negativos, entonces sustitúyela por otra que sí te permita desarrollarte, vivir plenamente, que te genere placer, alegría.

 

Por ejemplo:

Una creencia muy común: “no me gustan las verduras” 

 

Cuestiónala: ¿en verdad tienes certeza absoluta de que no te gusta NINGUNA verdura? ¿ya las probaste toooodas, en toooodas su variedades, en tooooodas las formas en que pueden prepararse?

 

Cámbiala:  “me abro a probar nuevos sabores y disfruto descubriendo alimentos sanos para mí”

 Y cada vez que en tu mente escuches el “no me gustan las verduras” y sientas resistencia a probar una lindo vegetal, inmediatamente repitete tu nueva creencia y nota cómo cambia tu emoción y tu actitud.

 

Hoy los invito a pensar en las frases que les dijeron sus papás en relación con la comida y qué tanto han impactado su vida.  ¿Qué creencias detectan detrás de su actitud ante la comida?  Para los que son padres, ¿qué frases les dicen a sus hijos?

 

Read More

Cómo saber si tienes una relación disfuncional con la comida

Posted by on Jul 25, 2012 in Emociones, Trastornos | 5 comments

Texto original escrito por Ana.  Sígueme en Twitter.

 

La calidad de la relación con la comida no está determinada por tu peso o por tu estilo alimenticio.  No por ser delgado quiere decir que tengas una relación funcional con la comida o que por el contrario, por tener sobrepeso tengas una relación disfuncional. Tampoco tiene que ver con qué tanto ejercicio haces.   La relación disfuncional es algo mucho más profundo, es una postura interna.

 

El indicador principal de que tienes una relación disfuncional con la comida es que LA COMIDA ES EL CENTRO DE TU VIDA.

 

Esto quiere decir que TODO gira alrededor de ella: a dónde vas, con quién convives, cómo te sientes, qué actividades haces, qué piensas…y obviamente qué y cuánto comes.  Es como un filtro a través del cual le das significado a tu mundo y tomas decisiones.

  • ¿Has evitado acudir a reuniones sociales por miedo a la comida que servirán?
  •  ¿Frecuentemente te sientes culpable después de comer?
  • ¿Tu peso determina tu estado de ánimo?
  • ¿Continuamente te encuentras pensando en qué vas a comer y esto te causa angustia?
  • ¿Cotidianamente comes con tanta ansiedad que pierdes la noción de la cantidad de alimentos que has comido?
  • ¿Decides tu alimentación a partir del número de calorías más que por la cantidad de nutrientes?
  • ¿Comer te causa más sufrimiento que placer?

Si respondiste que sí a alguna o algunas de estas preguntas, es muy probable que tengas una relación disfuncional con la comida.

 

La relación disfuncional con la comida se manifiesta principalmente de dos formas:

 

Relación disfuncional A

  • Comer cuando no tienes hambre
  • No poder parar de comer
  • Tener antojos incontrolables
  • Comer a escondidas y/o esconder comida
  • Sentirse avergonzado de lo que se come ya sea por la calidad, cantidad o tipo de alimentos

 

Relación disfuncional B

  • Obsesionarse con contar calorías, grasa, carbohidratos, gramos…
  • Pesarse y medirse continuamente
  • Miedo a engordar
  • Clasificar alimentos como buenos y malos
  • No comer aunque se sienta hambre fisiológica

 

Aunque son diferentes y tienen muchos matices,  en ambos tipos de relación hay una obsesión por la comida.  No se puede dejar de pensar en ella.   Cuando el centro de tu vida es la comida siempre hay ansiedad y culpa.

 

Creando una relación funcional con la comida

 

La relación que tienes con la comida depende de tu autoconcepto, del cual deriva tu autoimagen. Reflexiona: realmente no le tienes miedo a la comida, te tienes miedo a ti.  Por lo tanto, tienes que empezar a trabajar en ti para resolver tu relación con la comida.

 

Aunque esto  es un proceso que lleva tiempo y se tiene que hacer con la guía de un experto, estas son algunas recomendaciones para mejorar tu relación con al comida:

  •  Recuerda que TÚ ERES EL CENTRO DE TU VIDA.  Ante cada situación pregúntate: ¿es para mi beneficio? ¿me genera placer o culpa?
  • Cambia de perspectiva: Ante un alimento no te preguntes: ¿me engorda? Pregúntate: ¿me hace bien? ¿es sano?
  • No busques la perfección.  Busca ser tú plenamente.
  • Acéptate aunque no te guste lo que ves. Aceptarte y gustarte no es lo mismo y no tienen que ser lo mismo.
  • Comprende que no hay un alimento que impida que bajes de peso, es el conjunto de lo que comes a lo largo del día.
  • Confía.  Sí se puede, sean los kilos que sean, tengas la edad que tengas.  No hay gen ni hormona ni adicción, que no sucumba ante la voluntad firme de cambiar la vida.
  • Una relación funcional con la comida no tiene que ver nada más con lo que comes, sino, más importante aún, por qué comes como comes.   Explorar esta parte requiere de un enfoque integral y de la guía de un experto.  Pide ayuda.

 

¿Cómo dirías que es tu relación con la comida?

Read More

Lo que sientes no es hambre es…DESOLACIÓN

Posted by on Jul 6, 2012 in Emociones | 1 comment

Texto original escrito por Ana.  Sígueme en Twitter.

 

Este post pertenece a la serie “Lo que sientes no es hambre es…” ¿Ya leíste los demás?

Sábado por la tarde, sin plan, todos tus amigos tienen compromisos con sus parejas y entonces te entra la depre y un antojo desesperado por ______________ (llenar con el objeto de deseo predilecto: galletas, helado, pasteles, comida rápida, palomitas, pasta…).

A  la mañana siguiente, después de haber devorado, en vez de sentirte mejor, te sientes peor: con el abdomen inflamado, gastritis y con el sentimiento de culpa que no deja de repetir: “por eso no tengo pareja”.

Desde que nacemos, ser alimentados es una sensación que asociamos con bienestar y amor.  Para los bebés, el acto de ser amamantados conjuga nutrición para el cuerpo y para el alma, pues junto con el alimento, reciben abrazos y caricias de la mamá.

Esa asociación comida-amor, comida-bienestar, queda fuertemente enraizada en nuestra mente y es una de las razones por las que en la vida adulta, al sentir falta de afecto, de forma automática se busca llenarlo con comida.

Es importante aclarar que además de esta relación psicológica con los alimentos,  ahora se sabe que la composición de los mismos incide en el comportamiento bioquímico del organismo, en algunos casos generando sensaciones placenteras y/o adictivas, como en caso del azúcar.

Aunque suene duro decirlo:  tú sabes que ese antojo de viernes por la noche no es HAMBRE, es la sensación de un vacío emocional, de un deseo de compañía y afecto, que al no sentirse satisfecho, genera la ansiedad de ser llenado.

El problema profundo radica en que confundimos la soledad con desolación.  La desolación es un apego, es querer estar con alguien y no poder.  Y su origen está en nuestro propio vacío interior.

La soledad, por otro lado,  es nuestro estado natural.  Es abundancia de ti.  Es habitar plenamente la vida en uno mismo, sentirte completo, lleno de tu ser.  Sólo quien habita conscientemente su soledad , es capaz de amar porque aquel que no sabe estar consigo mismo, no puede estar con nadie más.

Para evitar comer por desolación:

  • Reconoce que lo que sientes es hambre emocional.
  • Enfócate en ti, no en los demás. Conócete y descubrirás a la persona más fascinante de tu vida.
  • Llénate de ti.  Disfruta de actividades contigo mismo y planéalas: cocina para ti, lee, escucha música, haz ejercicio, acude a cursos y clases de actividades que te enriquezcan.
  • Vive tu silencio.  Medita.  Una meditación que me encanta para resolver la desolación es:  “Nada ni nadie me pertenece.  Yo no le pertenezco a nada ni a nadie.  Simplemente SOY.” (se la aprendía  mi maestro Alfonso Ruiz Soto).
  • En vez de comer algo, toma agua natural o infusiones herbales, generalmente tienen el mismo efecto de “llenarnos” en algo y  no tienen repercusiones negativas en tu dieta.
Read More