Texto original escrito por Ana. Sígueme en Twitter.
Ahora que empieza la temporada de invierno la dieta es una pieza clave para protegernos de las enfermedades fortaleciendo nuestro sistema inmunológico.
La familia de las crucíferas están compuestas por ábanos, coliflor, nabo, brócoli, col rizada, col agria, coles de bruselas, y son una fuente rica de vitaminas A, C, E y en glucosinolatos que estimulan el sistema inmune.
Además, contienen potentes antioxidantes que pueden prevenir el cáncer.
Sí, esa antigua receta de la abuela de comer caldito de pollo cuando estamos enfermos tiene su fundamento, y de hecho es más efectivo como preventivo.
El caldo de pollo bloquea la migración de células blancas inflamatorias, que son las que causan los síntomas de la gripa cuando se acumulan en los bronquios. Además, ayuda a mantener la capa de moco delgada. Por si fuera poco, la glucosamina contenida en el caldo de pollo, fortalece las articulaciones del cuerpo.
Tip: prepara el caldo de pollo, mételo al refrigerador y al día siguiente remueve con una cuchara el exceso de grasa.
El yogurt es rico en probióticos que son bacterias saludables que viven en nuestro intestino que ayudan a eliminar los desechos y microorganismos dañinos del cuerpo, además de mantener el cuerpo en balance, evitan problemas gastrointestinales como la diarrea, síndrome de intenstino irritable, y estreñimiento. El yogurt también protege contra las úlceras y ayuda en el tratamiento de algunas infecciones por hongos. Pueden encontrar recetas en: 101 recetas con yogur y manzana asada con yogur.
El ajo estimula la multiplicación de anticuerpos. Contiene alicina, un compuesto que ayuda a eliminar infecciones y bacterias. También actúa como antioxidantes reduciendo los radicales libres en la sangre.
La vitamina C incrementa la producción de anticuerpos y de inteferon, el anticuerpo que cubre las células previniendo la entra de los virus. Además, eleva los niveles de colesterol HDL y reduce la presión arterial.
La vitamina C se encuentra principalmente en cítricos (naranja, mandarina, limón), kiwi, cilantro y guayaba.
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Foto: The New York Times
Hace un par de años le detectaron a una de mis cuñadas insuficiencia renal. En ese momento sus riñones estaban funcionando a un 40% de su capacidad. Para el día de hoy solamente a un 23%. Un trasplante es inminente, tarde o temprano.
Afortunadamente mi cuñada ha cuidado su salud desde hace muchos años, por lo tanto, es una mujer con un cuerpo sano y un sistema inmunológico fuerte. Lo mejor de todo es que tiene una gran actitud ante la vida.
Este caso, nos ha llevado a reflexionar como familia sobre la importancia de prepararnos, ahora que estamos sanos, para una posible enfermedad.
Se debe estar preparado mental y emocionalmente, pero también económicamente. Todos deberían tener un seguro de gastos médicos ya sea el que otorga el trabajo (IMSS/ISSTE) o uno contratado particularmente con una aseguradora, o ambos. Además, idealmente se debería de contar con una cuenta de ahorros para casos de emergencia. Una enfermedad crónica o una operación implican hospitalización, honorarios, tratamientos y medicamentos, algunos de ellos de por vida.
Otro punto que se debe abordar es la importancia de dejar en orden papeles y testamento. Suena trágico, pero desagradecidamente la muerte es una posibilidad.
En esta misma línea es importante hablar sobre qué sucedería si el paciente cae en coma o cómo desea que se disponga de su cuerpo una vez fallecido, por ejemplo, si está dispuesto a donar órganos, si quiere entierro o cremación.
Por último, como el caso de mi cuñada se origina en una predisposición genética, también es muy importante conocer la historia clínica de la familia, para ello puedes elaborar un árbol genealógico de las enfermedades.
¿Qué tan preparado para afrontar una enfermedad así estás?
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Aprovechando una reunión familiar, me puse a elaborar mi árbol genealógico. Salieron las fotos viejitas y me divertí mucho recordando anécdotas, enterándome de “chismes” y admirando la vida notable y valiente de algunos de mis familiares.
Pero la verdadera intención fue un poco más seria: conocer la salud de mis antecesores. Qué enfermedades padecieron y de qué murieron. No es un tema placentero, pero conocer la historia clínica de nuestra familia es una de las mejores maneras de conocer nuestra predisposición genética a ciertos padecimientos y trabajar para prevenirlos.
Descubrí una fuerte tendencia al sobrepeso y a la obesidad de una de las vertientes de la familia, así como a la diabetes tipo 2. Una tía abuela murió por complicaciones de la diabetes, he tenido primos y abuelos de más de 100 kilos y varios de mis parientes que aún viven han sido diagnosticados con diabetes o prediabetes. También la miopía y los problemas de vesícula han sido recurrentes en varias generaciones.
Afortunadamente no tenemos casos de cáncer, infartos o problemas mentales.
¿De qué me sirve toda esta información? ¿Qué puedo hacer?
Para empezar, entender que tengo una predisposición genética sobre todo a la obesidad y diabetes tipo 2, y por lo tanto, si se reúnen todos los factores es más probable que la padezca.
La excelente noticia es que esos factores los puedo controlar. Lo que debo hacer es mantener un peso saludable, llevar una dieta baja en harinas refinadas, grasas saturadas y azúcar. Realizar un chequeo anual de los niveles de glucosa en sangre. También continuar con mi programa de ejercicio.
En el caso de mi esposo existe una fuerte predisposición a problemas renales. Mi suegro falleció por una insuficiencia renal, otros familiares, en diferentes generaciones, han tenido piedras en el riñón, registran proteína en la orina y recientemente una de mis cuñadas fue diagnosticada con insuficiencia renal.
¿Qué podemos hacer? Controlar el peso, llevar una dieta baja en sodio y algunas sales minerales, tomar agua. Realizar un análisis anual de orina y consultar a un urólogo y/o nefrólogo que con esta información pueda hacer recomendaciones o solicite estudios más exhaustivos.
Así que a pesar de la predisposición genética hay mucho que nosotros podemos hacer. Llevar una vida saludable en general es el mejor seguro de vida que podemos tener: comer sanamente, cuidar el peso, hacer ejercicio regularmente, aprender a manejar el estrés y dormir bien. Lo primero es conocer qué tenemos más probabilidad de desarrollar en un futuro y después, actuar en consecuencia.
Te invito a que realices tu árbol genealógico de enfermedades y decidas romper el patrón.
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